En una noche especial, el pueblo de Quíbor renovó su pacto de amor con su excelsa patrona, la Virgen de Altagracia. Bajo una atmósfera de profunda santidad, la sagrada imagen realizó su tradicional recorrido de 1.5 kilómetros, marcando el 142.º aniversario de una procesión que une a propios y visitantes en un solo sentir mariano.
El andar del Sagrado Lienzo, fue custodiado por un cuerpo de 70 caballeros y la tierna presencia de 6 niños cargadores y celadores. Entre ellos destaca la labor de Igdavid Pérez, coordinador del grupo, quien suma 17 años de servicio ininterrumpido. Los testimonios a pie de imagen narran una historia de entrega generacional: desde Josué Aguilar (12 años de devoción), quien además de cargarla es el encargado de su decoración, hasta Antony Flores, y Eliecer Alvarado, quienes agradecen en cada paso la salud de sus hijos.
Milagros que caminan
La procesión fue, una vez más, el escenario de testimonios conmovedores. La familia Lizcano Sequera, proveniente de Negrete I, acompañó a su matriarca, la señora María Sequera. A sus 81 años y desde su silla de ruedas, María cumple 47 años pagando una promesa por la salud de su hijo, quien sobrevivió a un grave accidente por intercesión de la Virgen.
De igual manera, la fe se hizo visible en la señora Nicolasa Giménez, de 80 años, quien desde hace siete décadas visita a la Madre en la Ermita. En un acto que desafía el tiempo, se puso de pie frente a la imagen para agradecer el milagro de su movilidad, demostrando que para la devoción no existen barreras físicas.
Un homenaje de voces y corazones
A lo largo de la ruta, diversas instituciones rindieron tributo a la Virgen de Altagracia. El Colegio Caujaral y sus estudiantes recibieron su bendición, mientras que los Mariachis y cantores populares contagiaron de alegría a la multitud. Uno de los momentos más emotivos ocurrió en la emblemática parada de la escuela Maestro Orlando Ramón Jiménez, una tradición que cumple 19 años. Allí, el coro escolar recibió a la Madre con cantos de inocencia, seguidos por una interpretación cargada de nostalgia del hijo del recordado empresario Alejo Hernández “El Tornillo”, cuyas notas resonaron en el corazón de los presentes.
El regreso de la Madre a su hogar
La jornada contó con la presencia especial del Presbítero Havis Escalona, quien tras 23 años como párroco en Quíbor y ahora ejerciendo su ministerio en Los Rastrojos, Cabudare, regresó para caminar junto a su pueblo.
Finalmente, el destello de los fuegos artificiales y la emblemática quema del árbol, marcaron el regreso de la imagen a su sagrario a las 9:40 de la noche. Entre lágrimas de gratitud y cánticos entonados por las voces unidas de Quíbor, la Virgen de Altagracia cruzó el umbral del Templo Matriz. Así, bajo el amparo de la Madre, el pueblo quiboreño se retiró con la certeza de que su intercesión seguirá guiando sus pasos, renovando una esperanza que, tras 142 años, brilla con más fuerza que nunca.




Con información de Nota de Prensa
Fotos Cortesía

