La región de Medio Oriente se encuentra en el umbral de una guerra abierta tras una serie de ataques coordinados este sábado por fuerzas de Israel y Estados Unidos, los cuales habrían descabezado la cúpula militar de la República Islámica.
Según reportes de inteligencia regional y cables de agencias internacionales como Reuters, la ofensiva resultó en la muerte del ministro de Defensa iraní, Amir Nasirzadeh, y del comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammed Pakpour.
El operativo, justificado por el gobierno de Benjamin Netanyahu como una acción necesaria para neutralizar amenazas directas contra el Estado de Israel, no solo apuntó a objetivos estratégicos, sino que también habría alcanzado residencias y centros de mando vinculados al Líder Supremo, Ali Jameneí, y al presidente Masoud Pezeshkian.
La respuesta de Teherán no se hizo esperar, desatando una contraofensiva inmediata mediante oleadas de drones y misiles que han puesto en alerta máxima a toda la cuenca del Mediterráneo oriental.
Ante la magnitud del intercambio bélico y el riesgo inminente para la población civil, el gobierno israelí ha decretado el estado de emergencia especial en todo su territorio.
Mientras las sirenas antiaéreas resuenan en las principales ciudades hebreas y el régimen persa comienza a reconocer bajas en sus filas tras un hermetismo inicial, la comunidad internacional observa con alarma un escenario que amenaza con transformar la tensión regional en un conflicto de proporciones impredecibles.
Con información de Nota de Prensa
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