Lo que comenzó a finales de septiembre como un reclamo puntual en la periferia parisina escaló a una crisis educativa nacional que mantiene a Francia bajo tensión.
La comunidad estudiantil alzó su voz ante una severa crisis institucional marcada por la escasez crónica de docentes y suplentes, el hacinamiento en los salones de clase y el acelerado deterioro de los planteles educativos, donde el hacinamiento de hasta 35 alumnos por aula, la falta de sanidad básica y las filtraciones de agua terminaron por colmar la paciencia de los jóvenes.
La escalada de la protesta urbana pasó rápidamente de los tradicionales bloqueos a fuertes choques con los cuerpos de seguridad e incendios en las adyacencias de las instituciones, registrándose tan solo en una mañana más de 340 acciones de protesta y 169 trancas efectivas en distintas escuelas secundarias del país europeo.
Ante la gravedad de los acontecimientos, el primer ministro Sébastien Lecornu convocó de urgencia un gabinete de crisis para evaluar la situación, en una jornada especialmente convulsa que se solapó con la huelga general promovida por centrales sindicales y gremios trabajadores en rechazo al nuevo proyecto presupuestario del Ejecutivo.
Con información de Nota de Prensa
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