El embate del fenómeno climático El Niño no da tregua en territorio ecuatoriano, donde intensas precipitaciones y violentas crecidas de ríos han cobrado la vida de al menos siete personas, dejando además a tres ciudadanos heridos y un saldo alarmante que supera los 39 mil afectados.
Las cifras, oficializadas en el más reciente balance de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR), reflejan la magnitud de un desastre natural ante el cual las instituciones gubernamentales ya despliegan operativos de emergencia y asistencia coordinada.
La emergencia hídrica mantiene bajo máxima alerta al país tras registrarse el desbordamiento de unos 14 cauces fluviales. Entre los territorios con mayores estragos sobresale la provincia de Guayas, epicentro de severas riadas que se extienden a otras zonas críticas como El Oro, Manabí, Santa Elena, Zamora-Chinchipe e incluso el archipiélago de Galápagos.
Frente a este panorama, los organismos de socorro decretaron la alerta roja institucional tras contabilizar 937 incidentes adversos entre los que destacan inundaciones, deslaves y fuertes ráfagas de viento registrados desde finales de agosto hasta los últimos días de octubre, afectando gravemente el bienestar de las familias en provincias clave como Esmeraldas, Los Ríos, Azuay y Bolívar.
Esta contingencia responde a las alteraciones provocadas por El Niño, un evento climático de carácter natural que trastoca los patrones de lluvias y las temperaturas a escala global mediante el calentamiento inusual de las aguas en el Océano Pacífico ecuatorial. El fenómeno se desencadena al debilitarse los vientos alisios, lo que permite que las masas de agua superficiales eleven su temperatura de forma anómala y desencadenen eventos meteorológicos extremos a miles de kilómetros de su origen.
Con información de VTV
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