Mantener una mente activa desde la infancia hasta la vejez no es solo un hábito cultural, sino una estrategia médica crucial contra el alzhéimer. Una reciente investigación del Centro Médico de la Universidad Rush ha determinado que la práctica constante de actividades cognitivas como leer, escribir o dominar nuevos idiomas puede reducir el riesgo de padecer alzhéimer en un 38 % y de sufrir deterioro cognitivo leve en un 36 %.
Al evaluar los hábitos de personas de 80 años en tres etapas críticas de su vida (niñez, edad adulta y vejez), los científicos descubrieron que aquellos con una trayectoria de enriquecimiento intelectual logran retrasar la aparición de síntomas de demencia entre cinco y siete años en promedio.
Este beneficio no es meramente superficial; el análisis de tejidos cerebrales post mortem reveló que la estimulación temprana genera una protección biológica real, dificultando la acumulación de proteínas tóxicas vinculadas con la degeneración neuronal.
En definitiva, como sugiere el equipo liderado por la neuropsicóloga Andrea Zammit, el compromiso constante con desafíos mentales a lo largo de las décadas constituye una defensa fundamental para preservar la salud cognitiva en la última etapa de la vida.
Con información de VTV
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