El eco de tambores y risas anuncia que la fiesta más esperada del año ha comenzado. Desde las costas de Vargas hasta las históricas calles de El Callao, Venezuela se ha transformado en un lienzo viviente de tradición, creatividad y alegría desbordante.
Tradición que trasciende: El Callao y sus Madamas
En el estado Bolívar, el aire huele a calipso, el Carnaval de El Callao, reconocido como Patrimonio Inmueble de la Humanidad, sigue siendo la joya de la corona.
Las Madamas, con sus trajes multicolores y pañoletas perfectamente atadas, desfilan con una elegancia que cuenta siglos de historia. A su lado, los Mediopinto y los imponentes Diablos mantienen viva una llama cultural que se niega a apagarse.
En ciudades como Caracas, Valencia y Barquisimeto, la creatividad popular ha tomado el protagonismo. Desfiles kilométricos muestran carrozas que son verdaderas obras de ingeniería artesanal, decoradas con flores, materiales reciclados y mucho brillo.
Agua, Papelillos y Comunidad
Más allá de los grandes eventos, el Carnaval venezolano se vive en el barrio y en la urbanización.
Es la batalla amistosa con globos de agua, el niño disfrazado de su superhéroe favorito y la familia compartiendo un sancocho a la orilla del río o en el patio de la casa. Es esa pausa necesaria donde el país se une bajo una sola premisa: celebrar la vida.
Luisangela Gutierrez / Notiprensa Digital
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