El Tour de Francia ya no solo se disputa en los ascensos legendarios o contra el cronómetro, sino contra una amenaza climática invisible que pone en riesgo su propia continuidad.
Lo que tradicionalmente se consideraba un caluroso verano europeo se ha transformado en una barrera de calor extremo, según revela un exhaustivo análisis publicado en la revista Scientific Reports.
Este estudio, desarrollado por el Instituto de Investigación para el Desarrollo Sostenible de Francia con la colaboración de expertos de Londres y Barcelona, analizó cinco décadas de historia climática (1974-2023) para confirmar una tendencia alarmante: el estrés térmico al que se exponen los ciclistas ha escalado de forma ininterrumpida, alcanzando niveles críticos en la última década.
Para los investigadores, el hecho de que aún no haya ocurrido una tragedia sanitaria en la competición se debe más a la fortuna que a la seguridad del entorno actual. Ivana Cvijanovic, líder de la investigación, advierte que la frecuencia con la que se rompen los récords de temperatura hará inevitable el encuentro con jornadas de calor letal que superen los protocolos vigentes.
En última instancia, el Tour funciona como un espejo de un problema global; el cambio climático está forzando a los organizadores de eventos deportivos a priorizar la supervivencia y la integridad física de los atletas por encima del rendimiento, obligando a una reestructuración logística profunda para evitar que el espectáculo se convierta en una emergencia sanitaria bajo el sol de verano.
Con información de Nota de Prensa
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