Un devastador terremoto de magnitud 7,7 estremeció este viernes el corazón de Myanmar (también conocida como Birmania) y se sintió con fuerza en Tailandia, dejando un saldo preliminar de más de 150 fallecidos y cientos de heridos en ambos países.
El sismo, registrado al mediodía hora local, tuvo su epicentro a 16 kilómetros al norte de la ciudad de Sagain, cerca de Mandalay, la segunda urbe más importante de Myanmar, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos.
En Myanmar, la tragedia golpeó con furia: Las autoridades locales confirmaron al menos 144 muertos y más de 732 heridos, aunque las cifras podrían aumentar a medida que los equipos de rescate avanzan entre los escombros.
«Los daños son enormes», relató un miembro de los equipos de emergencia en Mandalay, quien también advirtió que «el número de muertos también es bastante elevado; eso es todo lo que podemos decir ahora mismo porque las labores de rescate continúan».
La junta militar, que gobierna el país desde 2021, decretó estado de emergencia en la capital, Naipidyió, y cinco regiones más, mientras imágenes de la antigua capital real muestran el colapso de edificios históricos y escenas de caos en las calles.
A más de mil kilómetros del epicentro, Bangkok, la capital tailandesa, vivió momentos de terror; un rascacielos en construcción de 23 pisos se desplomó, dejando un saldo inicial de siete obreros muertos y 68 heridos, según el Instituto Nacional de Medicina de Urgencia.
Además, el Viceprimer Ministro reportó que unos 80 trabajadores permanecen atrapados bajo los restos: «Fue confusión y luego un poco de pánico», contó Tom Beeston, un británico radicado en la ciudad, quien describió cómo él y sus compañeros se resguardaron bajo escritorios en un edificio de oficinas antes de huir por las escaleras junto a cientos de personas.
El temblor, seguido por cuatro réplicas de entre 4,5 y 6,6 de magnitud, es considerado por expertos como el peor en la región en casi dos siglos; en Myanmar, la opacidad del régimen militar complica conocer la dimensión total del desastre, agravado por la guerra civil que azota al país.
En Tailandia, el gobierno movilizó equipos de rescate y maquinaria pesada para atender la emergencia, mientras el Ministro de Salud Pública, Somsak Thepsuthin, señaló que hasta 409 personas podrían haber estado en el edificio colapsado al momento del sismo.
La catástrofe ha puesto en alerta a la comunidad internacional, que observa con preocupación las dificultades para llevar ayuda a una región marcada por conflictos y aislamiento, por ahora, el lamento y la incertidumbre reinan entre los escombros, mientras los sobrevivientes buscan respuestas y consuelo ante una naturaleza que no discrimina fronteras.










Con información de Nota de Prensa
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