Lo recuerda de muy niño, de cinco o seis años, cuando su madre Genix, hija de Amábilis Cordero, lo llevaba a los Estudios Cinematográficos Lara, propiedad de su abuelo Amábilis, que quedaba en la carrera 19 con esquina de la calle 44 de Barquisimeto, a finales de los años sesenta. Ese centro de estudio y producción de fotografía y cine lo había abierto su yayo en 1951
«Recuerdo que aquella casa era demasiado grande, y yo que era niño la veía más grande aún. Era una casa que abarcaba casi una cuadra completa, con su fachada por la 19», rememoró Carlos Giménez sobre la sede de los estudios de Amábilis Cordero (Duaca 1892 – Barquisimeto 1974), un larense que estudio el cine por correspondencia, pero con práctica incesante, esmerada y prolongada.
Carlos describe que “en los laterales de la referida casa había habitaciones, convertidas en sets o estudios, donde se podían hacer filmaciones. Allí se trabajan los guiones, se hacían entrevistas y se reunían los artistas de aquellos tiempos», rememoró Carlos, a propósito de cumplirse este 31 de marzo 133 años del natalicio de su abuelo, Amábilis Cordero, uno de los grandes pioneros del cine venezolano.
En homenaje a Amábilis: Declarar el 31 de marzo Día Regional del Cine en Lara
En virtud del natalicio de Amábilis Cordero, un grupo de docentes y estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE) de Barquisimeto y organizadores del Festival de Cine Amábilis Cordero, solicitaron al Consejo Legislativo de Lara y al Ejecutivo Estadal, declarar esa fecha, el 31 de marzo, el Día Regional del Cine en Lara, en homenaje a este pionero de la cinematografía latinoamericana.
“Amábilis Cordero es una figura clave en la historia del cine venezolano, dejó un legado imborrable gracias a sus múltiples contribuciones”, aseveró David Jiménez, docente en el Programa Nacional de Artes Audiovisuales de la UNEARTE y coordinador del Festival Amábilis Cordero, que se realizará por estos días, en su edición 2025.
Agregó que su trabajo pionero sentó las bases para el desarrollo de la cinematografía en la entidad centro-occidental, en el país y el continente latinoamericano. Entre sus aportes más significativos, destacan, no sólo las primeras proyecciones cinematográficas en Lara, también de Venezuela.
Su nombre está unido a Manuel Trujillo Durán, Carlos Ruiz Chapellín, Ricardo Rouffet, Enrique Zimmerman y Lucas Manzano, entre otros, como los precursores del cine venezolano. Es cierto que Manuel Trujillo Duran proyectó, por primera vez, imágenes en movimiento en pantalla grande, en Venezuela, aunque la principal prueba histórica que existe, es un registro hemerográfico de los periódicos de la época.
Allí se señala que el 28 de enero de 1897 se proyectó en el Teatro Baralt de Maracaibo, en el estado Zulia, las películas «Muchachos bañándose en la laguna de Maracaibo» y «Un célebre especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa». Por esta razón se celebra esa fecha, el 28 de enero, el Día Nacional del Cine.
Las proyecciones de Trujillo Durán sucedieron dos años después que lo hicieran en París los hermanos Auguste y Louis Lumière, el 22 de marzo de 1895, con la proyección de la película “La salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon», considerada la “primera película” de la historia del cine.
En el mismo año que Manuel Trujillo Durán proyectó las dos primeras piezas audiovisuales venezolanas en Maracaibo, en 1897, Carlos Ruiz Chapellín y Ricardo Rouffet, realizaron la película «Disputa entre andracistas y rojistas», que capturó un evento político de la época, reflejando las tensiones y rivalidades entre dos facciones políticas venezolanas: los «andracistas» y los «rojistas».
Estas facciones representaban diferentes corrientes políticas dentro del contexto venezolano de finales del siglo XIX. Los “andracistas” eran los seguidores del candidato presidencial Ignacio Andrade (1839-1925) y los “rojistas” sus adversarios.
En 1913, ya en el siglo XX, Lucas Manzano y Enrique Zimmerman dirigieron el primer largometraje de ficción en el país, «La dama de las cayenas», basada en la novela del francés Alejandro Dumas. Esta película se filmó en la isla de Margarita.
Años más tarde, en 1928, se proyectó en Barquisimeto, en el estado Lara, «Los milagros de la Divina Pastora», de Amábilis Cordero, un trabajo documental que marcó un hito en la historia del cine nacional, y muy especialmente en la región larense, por centrarse el documental en la figura de la Divina Pastora, de gran devoción en el país por su multitudinaria procesión en Barquisimeto.
Por estas y otras razones establecidas en el documento de solicitud a las autoridades estadales, el grupo de docentes y estudiantes de Artes Audiovisuales de la UNEARTE-Lara, solicitó formalmente que se declarara el 31 de marzo el Día Regional del Cine.
Documental, ficción y docuficción: los aportes de Amábilis Cordero al cine
Además de cineasta, Amábilis Cordero era músico, escritor y poeta. En el cine fue también precursor de géneros, de la ficción, docuficción y el periodismo audiovisual. En 1929, por lo menos, produjo la película «La cruz de un ángel», una especie de «western norteamericano a lo larense», reseñó el periodista Juan José Peralta, en la crónica «Amábilis Cordero: pionero del cine y precursor del periodismo audiovisual» (2019).
Indicó que en 1932 dirigió el largometraje «Alma Llanera», con guion de Luis Peraza, inspirado en el joropo homónimo de Pedro Elías Gutiérrez. Ya en 1931, había entrado en la historia del periodismo audiovisual al filmar la primera tragedia aérea de la aviación militar en Venezuela, que aconteció en Barquisimeto, donde murió el piloto Vicente Landaeta Gil.
En ese acontecimiento Amábilis hizo las veces de reportero de televisión, junto con su equipo de colaboradores, tal cual como se desarrollaría años más tarde este oficio en el siglo XX en la “pantalla chica”.
La tragedia aérea fue dramatizada por él con la adición de tomas del avión siniestrado, que igualmente lo identifican como pionero del docuficción, género que combina elementos del documental y la ficción. Ese género busca representar la realidad, pero utilizando técnicas narrativas y estilísticas propias de la ficción.
En 1933 profundizó en este formato audiovisual, al realizar la película «La tragedia de la escuela Wohnsiedler». El incendio y derrumbe de un viejo caserón de adobes donde funcionaba la escuela que causó la muerte de siete niñas.
Este trágico evento conmocionó a la comunidad local y dejó una profunda huella en la memoria colectiva. Cordero recreó en la ficción los hechos ocurridos, y también incluyó imágenes reales de la escuela derrumbada.
“Mi abuelo era un hombre lúcido, a pesar de que ya había perdido la vista. Era un hombre muy dinámico verbalmente, de una gran chispa”, lo recuerda Carlos Giménez en la última etapa de su vida, entre finales de los años sesenta y principios de los setenta.
“Era chuchero, le gustaban mucho los dulces. Cuando íbamos a visitarlo, especialmente los domingos, en su casa de habitación que también quedaba en la 19, pero con calle 28, me llevaba a una vitrina donde guardaba chocolate, galletas y otras golosinas”, rememoró Carlos.
Él siempre recuerda una llave que cargaba se abuelo amarrada a una cuerda que sujetaba del pantalón, con el que abría la vitrina y sacaba las golosinas. Fueron esas mismas manos de las llaves de la vitrina que con cámaras, luces y equipos de audio, le abrió a la ciudad, al país y el mundo el universo del cine, ese mismo que nos hace fantasear ante la pantalla grande con una buena golosina.
Félix Gutiérrez para Notiprensa Digital
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