La inclusión de carnes procesadas como el jamón, el tocino y diversos embutidos en el Grupo 1 de agentes carcinógenos por parte del Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer (CIIC) organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha marcado una señal en la salud pública global.
Es fundamental precisar que esta clasificación, bajo el paraguas de la Organización Mundial de la Salud, no pretende equiparar la peligrosidad del consumo de carne con la del tabaco, sino señalar que la solidez de la evidencia científica es igual de contundente en ambos casos.
Las investigaciones confirman una relación directa entre la ingesta habitual de estos productos y el desarrollo de cáncer colorrectal, estimando que un consumo diario puede elevar el riesgo de padecer tumores intestinales entre un 15% y un 20%.
Este escenario se vuelve particularmente crítico cuando se suma a otros factores de riesgo como la obesidad y la falta de actividad física.
A nivel biológico, el peligro reside tanto en los nitratos y nitritos añadidos para su conservación, que pueden mutar en compuestos perjudiciales para el ADN durante la digestión, como en las sustancias tóxicas que se liberan al someter estas carnes a procesos de cocción intensos como freír o asar.
El enfoque principal consiste en moderar significativamente el consumo de procesados y, simultáneamente, potenciar la ingesta de fibra mediante frutas y cereales integrales, los cuales actúan como un escudo protector para el tejido intestinal frente a los agentes nocivos.
Con información de Nota de Prensa
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