La relación entre Colombia y Estados Unidos ha entrado en una fase de máxima tensión tras la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses en Caracas el pasado 3 de enero.
Ante la sugerencia de Donald Trump de replicar una operación militar similar en territorio colombiano, el presidente Gustavo Petro respondió con contundencia, exigiendo al mandatario norteamericano que detenga las calumnias que intentan vincularlo con el narcotráfico.
Petro defendió su trayectoria política de medio siglo, subrayando que no existe registro alguno de actividades ilícitas en su contra y calificando las acusaciones de Trump quien lo tildó de «hombre enfermo» como un ataque directo a la institucionalidad de Colombia.
El Gobierno colombiano ha denunciado que estas amenazas representan una escalada peligrosa que vulnera la soberanía de América Latina y el Caribe, recordando que no se debe intimidar a un líder surgido de procesos de paz y voluntad popular.
Mientras Trump justifica sus declaraciones bajo una retórica de lucha contra el crimen, Petro ha calificado la detención de Maduro y Cilia Flores como un «secuestro aberrante» que carece de base legal internacional y transgrede los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
Desde la Casa de Nariño se advierte que este precedente de intervención extranjera sin autorización internacional pone en riesgo la estabilidad de toda la región, mientras diversos sectores sociales en Colombia cierran filas en torno a su presidente frente a lo que consideran una política de agresión histórica por parte de Washington.
Con información de Telesur
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