La relación entre Colombia y Ecuador ha alcanzado un punto crítico tras la grave denuncia del presidente Gustavo Petro, quien aseguró que el territorio colombiano está siendo blanco de bombardeos provenientes del país vecino.
Según el mandatario, el hallazgo de una bomba activa lanzada desde una aeronave cerca de la frontera ratifica sus sospechas de que estos ataques no provienen de grupos armados irregulares, sino de acciones coordinadas desde el exterior, una situación que prometió sustentar próximamente con una grabación en poder de su Gobierno.
Este incidente ocurre en un contexto de máxima hostilidad, marcado por una guerra comercial que se intensificó desde que el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, impusiera una «tasa de seguridad» a las importaciones colombianas, medida que ya alcanza un gravamen del 50%.
La respuesta de Bogotá no se hizo esperar, aplicando aranceles a productos ecuatorianos y suspendiendo el suministro eléctrico, a lo que Quito replicó encareciendo el transporte de crudo colombiano por sus oleoductos.
El conflicto ha trascendido el ámbito regional, llevando a Petro a solicitar la mediación del presidente estadounidense, Donald Trump, para evitar un enfrentamiento bélico y exigir respeto a la soberanía nacional.
Mientras tanto, la presencia de Estados Unidos en Ecuador se ha fortalecido con la apertura de la primera oficina del FBI en el país y el inicio de operaciones militares conjuntas contra estructuras del crimen organizado.
Precisamente, estas misiones ya han ejecutado bombardeos contra campamentos de las disidencias de las FARC en suelo ecuatoriano, un factor que añade complejidad a la denuncia de Colombia sobre la procedencia de los explosivos hallados en su territorio.
Con información de Nota de Prensa
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