La ofensiva arancelaria del Presidente estadounidense Donald Trump sigue dejando huellas profundas en la economía global; este martes, Wall Street se desplomó y quedó a un 10% por debajo de su récord histórico, mientras los mercados europeos tocaron mínimos no vistos en más de un mes, golpeados por la incertidumbre de una guerra comercial que no da tregua.
El índice S&P 500, termómetro clave de la salud financiera en Estados Unidos, cerró con una caída del 0,8%, equivalente a 42,49 puntos, situándose en 5.572,07; por su parte, el Dow Jones se dejó 478,23 puntos, un retroceso del 1,1%, y el Nasdaq cedió un 0,2%, perdiendo 32,23 unidades hasta los 17.436,10.
“El Presidente velará por Wall Street y por los pequeños negocios”, había prometido horas antes Karoline Leavitt, Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, aunque evitó precisar hasta dónde está dispuesto Trump a tolerar el impacto de sus medidas.
El intercambio de aranceles entre Trump y Canadá, centrado en el acero y el aluminio, desató una jornada de vaivenes en los mercados. El magnate admitió que su política podría causar “perturbación” en la economía, pero insiste en seguir adelante.
En medio del torbellino, Tesla, liderada por Elon Musk, fue una excepción al subir un 3,4%, impulsada por guiños de apoyo del propio Trump, quien dijo que compraría uno de sus autos, sin embargo, no todas las tecnológicas corrieron la misma suerte: Oracle se hundió un 4,6% tras reportar ganancias por debajo de lo esperado.
Del otro lado del Atlántico, el STOXX 600 europeo cayó un 1,7%, encadenando cuatro días consecutivos en rojo, su peor racha desde diciembre. Los sectores de automóviles, viajes y ocio lideraron las pérdidas, con bajas como el 6,1% de IAG y el 5,3% de Lufthansa.
“La debilidad de las reservas y las tendencias de la demanda a medida que el entorno macroeconómico se ha debilitado”, explicó Southwest Airlines al recortar sus previsiones de ingresos, aunque sus acciones subieron un 7,5% tras anunciar cobros por equipaje.
En un día de números rojos y nerviosismo, el índice de volatilidad europeo alcanzó su pico en siete meses, reflejando el temor de inversores ante un panorama que, por ahora, no encuentra calma; desde Caracas, los ojos están puestos en cómo esta tormenta financiera podría salpicar a una Venezuela que busca atraer inversión extranjera en medio de un mundo en tensión.
Con información de Nota de Prensa
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